Puerto Príncipe Puerto Siempre Cap.1


“La muerte no es partir de este mundo, es que alguno de los tuyos se despida para siempre”

…”Increíble, estamos en el 2033 y hemos sobrevivido a dos conflagraciones en el Medio Oriente y en Europa… Como conservar la sonrisa y la ternura, en medio del caos continental. Y la risa. Y el deseo de compartir un pedazo de felicidad, el único territorio que respetan los nuevos órdenes.” Así me decía con reiterado sarcasmo al constatar que ni siquiera el pegajoso smog del Cairo me incitaría a atravesar de nuevo el Atlántico en barco, llegar a Cartagena y transitar por el Río Magdalena  durante dos días hasta llegar a Honda e iniciar la subida por  la Cordillera Oriental. Esa tierra de todos y de nadie, Colombia. O lo que quedaba de ella después de la invasión estadounidense, la guerra contra China Popular y la alianza con Bolivia y Ecuador. Estaba devastada, como siempre que estaba en el filo de la navaja, una decisión de esconderme en un puerto con mar, en un puerto con río o camuflarme en algún caserío en la montaña. Para darme coraje, acudí a mis mejores recuerdos en el país del sol. En la Isla. Pasaron horas interminables. La sed era insoportable, la fiebre me consumía. Entonces, entonces comenzó el delirio hacia atrás…

*

– ¿Sa u vlé?

-¿Cuántos años tienes?

– 15…

– ¿Porque viniste a mí?

– Porque busco respuestas…y tengo un mar de preguntas que nadie quiere responder.

– Eres extranjera, no sabes nada, ni siquiera sé si eres creyente…

– ¡No importa! Aprenderé, por favor…Y sí, soy creyente…

– ¿En qué? ¡Ustedes los blancs, los ricos no creen en nada y no me interrumpas, esto no es como entrar a un teatro, comprar una boleta, aparentar interés en la función, en el intermedio simular conocimiento, aplaudir e irse! Y además, por qué habría de escuchar a una mocosa como tú, tengo muchos problemas y además esta noche es especial, es la Noche de Agwe[2]…ah! sal de aquí no puedo perder tiempo…

Con los ojos abiertos de par en par, leo en sus ojos que mi mirada es un mar convulsionado, donde no caben términos medios: o me ahogo o me salvo. Y este hombre viejo y testarudo, incluso bondadoso es mi única esperanza. El cuadro es risible, una joven blanca con gesto desafiante y un negro de unos sesenta años mirándola con molestia y a punto de echarla. Segundos que me parecen miel eterna deslizándose por el tiempo sin tiempo. Ojos color madera contra ojos color de abismo. La temperatura de color es rojo intenso, pues casi se oye el palpitar del pulso de cada uno. Finalmente, el viejo me susurra, haciendo un visible esfuerzo por atemperarse:

– ¿Porqué, dime una muy buena razón, porqué debería yo arriesgarme a tener una alumna como tú, una niñita que no sabe nada de la vida, una caprichosa que mañana mismo olvidará todo esto y nosotros nos convertiremos en una anécdota más? Piénsalo bien, no estamos en la escuela y sabes, a diferencia de ti, tengo todo el tiempo del mundo.

Entre sus dedos tiene unas semillas de mamoncillo pintadas de negro y rojo y una y otra vez las desliza entre sus dedos, que parecen arañas. Me siento pequeñita, peor que cuando me quedaba sola en la noche esperando a que mis alucinaciones se esfumaran y el bosque se convirtiera en mi habitación y el lobo en una arruga más de la tela de la cortina. Pero es mi única oportunidad, no voy a amedrentarme justo ahora que estoy a punto de saciar mi curiosidad con el Houngan[3]másrenombrado de la Montagne Noire y conocido hasta en el Valle de l’Artibonite[4]!!!

Trato de imprimir calma, convicción y reverencia a mi solicitud. El, en cambio, me tutea, para marcar su desdén y sonríe, descubriendo las perlas de sus dientes.

– – ¿Y porque no? insisto, si después de un mes le parece que no he aprendido nada pues…

– ¿Un mes? Pero quien te has creído?Ni una semana vas a durar, has visto tu facha? Además de donde sacas que con un mes se puede saber si se tiene un don para esto o no…lo que hay que escuchar en estos días! Este mundo está cada vez más parecido a la cueva de la vieja Erzulie ha ha ha!!!¿Además, Atalanta,el que entra no sale de esto nunca, ni siquiera un simiecito albino como tú, me oyes?

Sus ojos centellean, pero al ver el efecto de su voz en mí, empieza a reírse con tantas ganas que no puede contenerse. También a mí, me sale entonces una cascada de alegría de lo más profundo. De pronto solo somos nosotros en el índigo infinito de esa noche estrellada. Un anciano aún vital y una adolescente en ciernes. Un hombre de todos los caminos y una aprendiz de la vida. Intuyo que todo nos aleja y que sin embargo, el mismo fuego nos consume: la avidez por el conocimiento.

– Bueno,llevas varios días sin dormir y sí, deja de mirarme con esos ojos de pregunta sin fin, te voy a aceptar, más como un experimento personal. ¡Ni una sola palabra de esto a nadie, sin rastros, sin agradecimientos, no hay de qué!

Aparenta molestia en su voz, pero sus ojos sonríen. ¿Será que he picado su curiosidad? Igual me despide con un solo gesto de la mano:

– ¡El próximo jueves a las 4.00 a.m. en este árbol!

Como una señal, los pájaros alzan el vuelo y el ocaso se llena de cantos.

Durante una semana que recordaré en lo sucesivo siempre con nostalgia, me alisto, me preparo e inicio una rutina cuasi marcial. A pesar del sueño, soy todavía muy dormilona, me cambio, me visto, tomo las sandalias en la mano, me pongo los lentes y salgo despacito de la habitación. Recorro la casa sigilosamente por el patio trasero y después de un cuarto de hora ya estoy en la casa sencilla, cálida y misteriosa de Antillome. Antillome es de día chef cuisinier y su cocina ya goza de una merecida reputación en varias casas. De noche, es un ser de otro siglo y de otro continente. Me saluda al tiempo que abotona su camisa blanca, se unge de una serenidad y de una dignidad solo igualada por su alegría. Yo ya había escuchado a Dieudonné y a Lucienne, mis amigos del barrio contiguo, el de los otros, el de la vida real, varias anécdotas al respecto. Nunca esclarecen mis dudas. Siempre cambian de tema e improvisan alguna anécdota graciosa para evadir la pregunta. Veo surgir en medio de los almendros del fondo a algunos otros jóvenes mayores que saludan con respeto. Pero verlo allí, en medio de todos estos jóvenes que se mueven sin cesar, ungido tan solo de su templanza, es conmovedor. Al verlos, Antillome me sonríe y dirigiéndose a todos, nos invita a seguir a la casa grande al fondo del bosque. Saluda a cada uno con la mirada y al final, me presenta. No me llama por mi nombre:

– Ella es Azur, va acompañarnos esta temporada, por ahora no tendrá voz, sino oídos. No tendrá preguntas, sino entendimiento. No tendrá horas, sino tiempo.

Y acto seguido me toma de la mano y a cada uno le coloca mi mano sobre el torso. Las mujeres se muestran renuentes, intercambian miradas pero no dicen nada. Los hombres me tratan como si fuese una más, son corteses, con distancia, pero amables. Sólo otro iniciado, so pretexto de preparar el altar, no se demora con gentilezas y se levanta de inmediato. Tiene unos dos o tres años más que yo y me indica el lugar donde debo sentarme, lejos del Péristile. Todos se sientan en el suelo en anillos concéntricos y esperan la señal.

Los tambores susurran primero y luego, poco a poco, colman todo el espacio. Su palpitar es potente. Estoy transportada, tanto que debo concentrarme para no dejarme llevar por el percutar creciente de los Congos y de las Tamboras. Y el miedo. No puedo evitar preguntarme por qué diablos me atrae tanto la noche y las voces. Y lo desconocido. Y sobre todo: porqué he complicado mi vida una vez más. Y eso que soy hija de racionales. Y que han contestado a todas mis preguntas y cuando nó, me han regalado los libros que supuestamente tienen las respuestas.Los demás se unen a la fogata y golpean el suelo con las plantas de los pies, alzan los brazos en una cadencia desenfrenada y sus ojos destellan a la par que sus sonrisas. El Houngan se acerca y me enseña a dejarme llevar por la música:

– No importa tu lógica, tu cultura, deja atrás todo. Siente la tierra, huele el rocío, baila con el espíritu del fuego, Petro, quien hoy te da la bienvenida y por ello te voy a guiar, Pequeña Azur. Deja que el agua en ti se deslía en llamas, no luches contra Petro, es tu amigo hoy: Aya Petro vinavenugadétutmunterrca aprendfeu[5]!

El coro retumba en mis venas, el sudor se deslíe en mis sienes. Miro sus labios pero no se mueven. Se abren en una amplia sonrisa que abarca mi miedo y lo funde en una sola certeza. Veo entonces surgir hombres pájaro que luego devienen en arabescos de colores brillantes. Los vévés[6],me explicarán después, se convierten en Loas del agua.Sonidos que se vuelven turquesas, una anciana se vuelve serpiente y luego me envuelve en su voz…

– Despierta, ya es hora, debes regresar, y por supuesto, lo que ha sucedido acá sólo está en tu corazón, nadie debe saber de ello. ¡Vamos, recupérate es tan solo el primer día y faltan muchas jornadas más!! Pa palé, pas gadéderier u l’autejedi nap weu[7]

Doce pares de ojos en mi espalda me persiguen mientras corro de regreso a la casa. Varias veces miro hacia atrás pero el bosque sigue igual y siempre igual, como si nada hubiese pasado. Como si no hubiese vivido en unas cuantas horas, más que en mi breve vida de catorce estaciones.

*

La semana ha sido larga como cuando uno tiene hambre. Hambre de saber, hambre de vida. Hambre de aventuras. Hambre de libertad. Los días acontecen según rutina diaria en Puerto Príncipe cuando eres una hija de privilegiados y no obstante ya sabes que tus amigos del barrio, viven en otra dimensión. La rutina no varía mucho entre febrero y junio. Primero salir de clases, subir la pendiente hasta la carretera del colegio que queda en una cuenca. En este tiempo los arboles no han crecido aún, por lo que al subir se ve una serie de poliedros rojos que cubren los salones de clase de color terracota. Luego, una media hora de espera mientras llega Frantz, el papá de Ondine. Charlar con Amon, planear las próximas travesuras con Mistique y Valquirie, con el silencio cómplice de Ondine. Incluso, dejarse provocar por  Bob, polemizar con Paul, preguntarse siempre como es posible que Paul sea a la vez más maduro que el resto de nosotros y, al mismo tiempo tan seductor cuando roza a alguna con su mirada en el recreo; mirar de reojo a Ed, más tarde desarmarse por Jo y armarse contra Oliver, discutir con Huéto y pelear con Oliver,de nuevo. Aprender a reir de lo sencillo con Brando, un francés del sur que con sus dos años más y su pasión por la buena cocina, nos lleva décadas en el arte de vivir así como Amon, quien con su dolceferniente parece que llevara edades en la tierra. Ironizar con Michael y en general, armar el lío con todos mientras que el sol canicular de esa hondonada entre las montañas entre Puerto Principe y Pétion Ville, ya nos achicharra el cerebro y por ende, la creatividad para hacerle el quite a la adolescencia, al aburrimiento, al tedio de las tardes de verano.Siempre me despido con subrayada envidia de los que viven en la cima de la montaña en Kenskoff, Laboule o Furcy y, ni que decir del anhelo de aquellos que han negociado con sus padres sus excelencias académicas y van en su propio carro desde los quince. Después de despedirme de Ondine y de volver a escudriñar los últimos acontecimientos “dumasinos” y de burlarnos de todo y de todos, siempre demoro el trayecto de Pétion-Ville hasta Frères, donde me deja el papá de Ondine.

Camino unos veinte minutos por una carretera destapada hasta la casa, adyacente a la gallera más grande de la ciudad. Arribar a esta casa es una delicia: el jardín al medio día es un preludio que agradezco después de sudar la gota fría del regreso del colegio. Entro entonces a la cocina y al comedor. Cena familiar, debate consabido sobre las implicaciones de la cooperación internacional y la negociación con los ministros de Jean Claude Duvalier. Otras veces, hay noticias de Colombia y el ambiente se alegra pues las cartas de Isis, mi madre, han llegado, ha respondido con libros, recortes de periódicos e incluso esas dulzuras colombianas que me recuerdan mis orígenes en la cordillera, el Chocolate Sol, la Pasta de Guayaba, las colombinas BomBom Bum y esas pegasosas gomas con sabor a frutas tropicales, las Frunas. Incluso el licor de huevo, el Sabajón, el licor de freijoa y el otro ron, el Ron Viejo de Caldas, que he saboreado a escondidas y que es menos rico que el Barbancourt, “hay que subrayar que el ron de la Perla de las Antillas no tiene comparación en la región, en el planeta y, seguramente en toda la Via Láctea” es nuestro slogan cuando subimos a la terraza y armamos el lío con Ondine, siempre escondidas detrás de los almendros. Otras veces, el debate es interrumpido por Infina, mi hermanita que habla desde los 6 meses, ríe desde pequeñita y siempre comparte sus descubrimientos en la maternelle de Montessori. Su entusiasmo nos distraen de la UNICEF, del Hospital Canapé Vert y del Liceo Alexandre Dumas.

El mejor momento es, no obstante, a las cinco de la tarde cuando al finalizar las tareas, subo a la terraza, territorio de juegos primero, y de escapadas nocturnas unos meses después. Cuando la Maestra Escultora Rolland, madre de Ed, el más travieso de la clase, nos alquiló su casa, lo que más me cautivó fue el bosque circundante y, el techo-terraza, que es siempre una excusa para el ensueño y, para el encuentro. Hoy no puedo concentrarme en el crepúsculo hasta no distinguir el horizonte. Hoy por primera vez entiendo los dibujos del jardín, leo los Vévés y creo entender sus mensajes, sueño. Incluso empiezo a entender a Mustaki cuando canta en esos discos de 33 revoluciones de mi casa, esas poéticas canciones de los 60’s cuya letra no acabo de entender pues habla de sentires y decires que aún no he probado: “Rien n’a changé, tout est comme avant; tout a changé, rien n’est comme avant…”[8]. Soy la misma y no soy la misma. Sé que he estado infringiendo todas las reglas. Primero las de mi casa: escaparme de noche; asistir a un culto pagano, yo que he sido educada en la más rigurosa tradición cartesiana; querer convertirme en la alumna de un houngan siendo blanca y sin haber recibido la herencia de mi tía materna, como todos los iniciados. Además pretendo entender todo a la edad de la inocencia o, mejor, de la perdida de todas las inocencias. Me digo que la vida no da espera, que la vida no vale nada si no se da una el tiempo para conocer. No hay espera para beberse el mundo y sobre todo, no hay tregua para transgredir fronteras. Además no tengo tías, maternas o paternas, blancas o negras, ni de ninguna índole ¿No he soñado con el mar, con conchas, perlas y una sirena…que más señales de que de pronto si soy una discípula de Agwe? Hay tal vez todo un mundo que me he perdido por no observar, por no estar atenta al diario acontecer de la vida del pueblo de Ayti Ti Pays Gran País, como ya empiezo a llamarlo.

Tu país, su país, nuestro país porque vivimos unos meses, unos años o un espacetempsdelinsouciencedespremieresdécouvertes[9]

Una semana después, acudo a la segunda cita. Hubiera podido ir con los ojos cerrados. Una que otra vez he tomado el camino para ir a espiar la singular reunión que ocurre todos los jueves y sábados al final del camino que atraviesa el bosque detrás de la casa. Si, desde la primera noche que sentí el violento percutar de los tambores, no puedo dejar de ir, como un ritual que solo yo y la noche comparten, pues ni a mi gemela espiritual, Ondine,  se lo he contado. Ondine es germana por lado y lado, pero su pronta llegada a esta isla por las segundas nupcias de Anya con Frantz, la hace más haitiana que otros con diez generaciones hacia atrás de lengua Dahomey. A esta hora, el calor húmedo se concentra en el bosque y ya no sé si la embriaguez es por temerosa felicidad o, por el sinuoso perfume de los jazmines que estallan al atardecer.

Saca esa voz de fuego, convoca los elementos, olvida tu pasado, eres aquí y ahora, una con el espíritu del Agua, eres gota, fuente, riachuelo, rio, lluvia y mar”, dice una vocecilla dentro de mí.

Ya diviso la casa, con el balcón de mi habitación al otro extremo de la casa, allá al final del bosque en lo alto, pues he atravesado dos lomas de montaña para ir al Péristile[10]. La mañana ha sido un presagio del tórrido verano que vivirá el país en los próximos meses, una forma de llamar a una de las dos únicas estaciones de la isla, pues por su cercanía al ecuador y por estar en el cónclave del Caribe, hace un calor húmedo de marzo a octubre y un poco menos de calor en el día y temperatura templada en la noche, de noviembre a enero. Contorno la casa por la parte de atrás para coger unas almendras, miro a los gatos aun pereceando cerca de la ventana de la cocina y luego por fin me subo al balcón aledaño a mi habitación, teniendo mucho cuidado de no pisar las hojas secas.

Soy una ninja y como tal ni mi propia sombra puede delatarme“, me digo con ánimos de eterna optimista sin remedio pues para volver a mi vida cotidiana, es preciso colorear un poco la realidad, que ya tiene suficiente exceso de realismo.

Me cambio la túnica blanca, me baño para que no sólo no quede rastro de los aceites con los que me han ungido, sino también para que no quede una sola huella de lo extraordinario que acabo de vivir. Como si fuese otro cuerpo, me sacudo el agua, me seco rápidamente y me pongo el “uniforme” del colegio: jeans, camiseta, tenis y el cabello recogido en una cola de caballo. Me pongo las gafas y con el morral al hombro miro una vez más la escenografía: desordeno la cama, constato que sea creíble que acabo de levantarme y me dirijo hacia la cocina.

-Mmmh, cambia tu mirada niña, que parece que hubieses tomado clérin[11]toda la noche, susurra Antillome con tono paternal, mientras me pone en un plato sus famosísimas crêpes suzette ¡Te hice jugo de naranja con ají para darte fuerzas, no vaya y sea que te nos enfermes ahora!

Apuro de un sorbo la bebida, controlando las arcadas pues quiero vomitar, lo miro largamente y agradezco con un gesto. Salgo al frente de la casa a esperar el carro de los Artes. Quien iba a pensar que el Liceo francés Alexandre Dumas, iba a convertirse en toda una suerte de revelaciones y esta casa de la madre de Ed, ni se diga. Como pasarnos del picante que tienen las discusiones, mitad científicas mitad neófitas, con Oliver y Huéto sobre el cilindraje de los jóvenes y la hipotenusa de las curvas de las damiselas, pasando por la existencia o no de Dios, Yaveh, Allah, Damballah, Buda, Krishna, Zorastro o el Tao Te King. Ayer he escuchado a Mistique, quien está tramando unas clases de cómo aprender a besar con sus dos mejores amigos, dándole ánimos a Valquirie para que acuda a su fiesta de pijamas y sonrojando a Julie, o bueno lo que parece una noche de pijamas en la que haremos y desharemos, por lo visto. Paul, observa y le susurra a Louis, quien a su vez le dice a Michel, que « ti moun sa enfin réveillé, m pralé la cay Mystique pou we bel desodsaa [12]» con sus ojos anticipandose, como siempre, a nosotras y, a casi todos. Bueno Bob, también tiene ese plus, ese olfato entre la adolescencia y la pre adultez y, con su risa franca siempre puede decirte lo más osado y sin embargo te derrites en sus ojos de chico malo. O el oasis de Amon que con su tierna complicidad, siempre te invita a bailar aunque nadie más quiera y siempre tiene una palabra dulce y, encima, lucida.

Y el misterioso Ben cuyo silencio es siempre bienvenido pues es cómplice y además es leal, cualidad rara entre los gremlins del liceo. Es argelino y siempre nos da noticias de esta otra historia de Francia y escuchar las conversaciones de sus padres y los míos en casa de los Parza, los únicos otros colombianos en la isla en aquellos primeros años, es ilustrativo. Hemos compartido unas cuantas lecturas y precoz escaneo de los asuntos de los adultos me asombra y me reconforta, pues solo con Ed y con él, hablamos de nuestra interpretación de la política local. A veces Makintosh y Hueto intercambian informaciones y entonces nos juntamos los cinco con Jo y cada vez más con Paul, confabulando como ayudaremos a nuestros amigos que sí nacieron en la isla y no están de paso, como nosotros. Sentimos tanto a este pequeño gran país que esta tarde después de gimnasia y de agotarnos en discusiones interminables, juramos delante de Paul, el único haitiano de nacimiento, que volveremos a este país para trabajar para su reconstrucción, su posible redención de un sino que no creemos fatal. Sabemos que somos idealistas, pero también es un juramento con sangre, corazón y fuego, así que trataremos incluso de transmitir este mandato a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos.

Tenemos 13, 14 y 15 años el mayor, pues meses después, uno de los “grandes” Luc que ha repetido la clase, Jean Sourire y Divin se suman a nuestras conjeturas en los recreos. Los hermanos LeCid también, Michael y Marcus. Y Jo sugiere en lo sucesivo que incluyamos en esta confabulación a las chicas: Naty, Isa, Tascha, y Gazelle entran. Pronto Valquiria y Mystique proponen que incluyamos otras variables en este juramento de volver años después. No sabíamos que serían décadas después, en aquel entonces. Y que la diáspora haitiana y que los hijos de la cooperación internacional tendríamos una nostalgia tan grande como la de todo el Atlántico, la Mancha, el Mediterráneo, el Caribe y el Pacífico juntos. Ondine que nunca o casi nunca interviene, sugiere que nos preparemos a ser adultos y proclama:

– Vivamos, dudemos, caigámonos, levantémonos, pero nunca desistamos!

– ¿Si no sabemos bailar, cómo sabremos cómo enfrentarnos a las dificultades de la cotidianidad? Pregunta Mystique.

-¿Si no sabemos besar cómo sabremos cómo lidiar con las dificultades del intercambio? Susurra Bob.

– ¿Si ustedes no sabemos callar, cómo sabremos cómo dirimir las diferencias ideológicas? Ríe Jo.

-¿Vengan a mi casa… estamos armando un lio a la entrada del liceo: veámonos a las 4 de la tarde en Frères, propone Ed.

– ¡Anwey…!! gritan en coro Tasha, Isa y Naty, Dalila y Fabina y arrastran a Valquirie, soñadora como siempre.

Ondine me mira largamente y ya sé que tendremos una larga conversación esta noche cuando todos duerman en sus casas y que ya no seamos escuchadas en el teléfono. Imagino que me dirá que para qué hemos cambiado las clases de teatro de Mr. Heurtier por confabulaciones y castillos en el aire de proyectos más grandes que nuestras humanidades.

Las otras mujercitas de la clase, ”las florecitas en mar de amores tempranos” como las llamamos con Ondine, no sin ternura, porque son lindas, tímidas, inocentes aun algunas, otras no tanto, de pure souche[13], mestizas, blanquitas, extranjeritas, están al igual que los hombrecitos, los Tuff Little Guys[14]en pro de nuevos descubrimientos. No que Ondine y yo no tengamos nada que aprender, pero sin que nadie lo sepa, nos hemos adelantado a la vida, somos hijas de padres divorciados, con familias recompuestas y sobre todo, tenemos el peso del dolor tempranamente conocido pero sabemos ser adolescentes low profile, o eso creemos. Sobre todo ahora tenemos un objetivo común, aparte de vivir como si fuese el último día. Julie y Dalila se han adelantado y están pidiendo permiso a sus padres, que son tan estrictos como los míos y han observado todo nuestro barullo con detenimiento e incluso, tomado notas. Son temibles: son de las más calladas con Ondine pero cuando hablan, silencian hasta las piedras.

Le he preguntado a Bijou y a Silvanne si están de acuerdo en acompañarnos a casa de Ed y han asentido y con este sí, nos alegran la tarde pues han logrado que Nataly también se sume, que aunque es más bien escéptica con nuestros entusiasmos, siempre nos apoya.

Ed, también subraya el silencio con un guiño y luego sale veloz hacia el carro de Amon para preparar la “base de operaciones”. Paul me toma de la mano y me desliza una nota. “Rêves oui mais philosophie aussi, compte avec moi. Nous y arriverons tous, un jour ou l’autre, il nous faut persévérer cependant.”[15]Jibé pasa en el carro de Amón con la música a todo volumen y grita que llevará los mejores discos del momento y nos provoca:

– ¿Qué es una reunión sin música, les gars, no pero.. quiénes se creen? Somos jóvenes y ustedes se están adelantando a los tiempos…apúrense que solo tenemos una vida!!!

Nada más cierto. Cada uno de nosotros tiene un delicioso sentido del humor y una burbujeante carcajada con la que borra todas nuestras incertidumbres. Qué decir del negrísimo humor de Valquiria o el desenfadado sarcasmo de Mystique? Y nuestras distracciones son muchas y, las travesuras aun más. Por ello es una delicia constatar que Tasha y Dalila se han sumado a las tardes infinitas de risas. Al comienzo son anodinas, esconderle la tiza a la profesora de español, robarse el casse-croute de las consentidas, sustraer los libros de los aconductados y reemplazarlos por los libros prohibidos de la biblioteca, cambiarle el calendario al profesor de matemáticas, hacernos los sordos con la profesora de inglés  y los tarados con la profesora de biología. Despues de unos meses, las bromas ya tienen otro matiz, son besos robados a la mitad de la clase, son lecturas prohibidas de los periodistas extranjeros, son conversaciones escuchadas en las casas de los padres de algunos y que son los que deciden el futuro de la isla o el futuro de la cooperación en el país. Leer y volver a leer varias versiones  de lo mismo, pues tanto Le Nouvelliste, como Radio Antilles Internationale cuentan asuntos distintos a la Voz de las Américas o a Radio France Internationale. Todos se conocen en este pequeño gran país pero todos tienen su particular versión de los hechos de los últimos 50 años. Una  serie de anécdotas contadas en secreto en la récré con los otros gremlins de la clase, mezcladas con los últimos potins internos y preguntas a ciertos profesores como Hervé Denis, nuestro profesor de economía o a Mr. Gaillard, nuestro profesor de filosofía y literatura haitiana, Maestros de vida.

En los primeros años del bachillerato no intervengo tanto. Pimero escucho, me fascina la necedad de todos ellos. Yo que llevo doble vida pues en mi casa no puedo ser insolente, ni traer el boletín con malas o regulares notas de los profesores sobre disciplina: en casa esperan mucho, tal vez demasiado. A mí me parece bien conocer y saber. Pero la exigencia de tener buenas notas de mis padres es a veces densa, no me deja un respiro en clase. Igual en esta jungla urbana en la que vivo, ahora agradezco siempre a mi padre su exigencia pues me despertó a tiempo. Uno no se puede distraer en este mundo. Y menos con la voracidad de los colegas periodistas. Y menos con los desmadrados de un sector y otro. Enfin que el recuerdo taladra mi ahora y vuelvo atrás, al ayer de la vida diaria en la isla. Después de hoy, regresar a casa ya no será lo mismo, ya que por fin tejemos artilugios con la red des copains[16], es decir  nosotros, los desocupados adolescentes que tenemos que llenar las horas de todas las tardes, entre las 2 de la tarde y las 12 de la noche, salvo las tardes de gimnasia de los miércoles.

Vuelvo a la realidad una vez en el carro. Trato de volver a mis “preocupaciones“ habituales: la poesía de la clase de literatura que aún no he memorizado, Parfums éxotiques de Charles Baudelaire, uno de los fascinantes poetas malditos franceses o los aparentemente anodinos versos “Le bonheur est dans le pré, cours y vite cours y vite[17]” o “Le bateau ivre” del eterno adolescente Rimbaud o los últimos grandes descubiertos, Aimé Cesaire y Carl Brouard con sus “Amours pharmaceutiques”. Y la fórmula de álgebra que debo recordar para la previa de primera hora si no quiero tener otra vez mala nota por estar confabulando en clase con los gremlins. Y es peremptorio negociar el permiso para ir a la próxima boum[18] con mis padres. Y bueno, también está nuestro profesor de economía, Hervé Denis,que se ha convertido en amigo de la casa y de quien no me pierdo  los últimos análisis de la política del país en tiempo real y por la misma fuente. No entiendo siempre los vericuetos del remedo de democracia local, parecida a la corruptela de Colombia, el país de mis abuelos, pero ya voy entendiendo que el dictatorzuelo que gobierna la isla desde sus 19 años, el Bebe Doc, pretende ejercer el poder sin convocar a elecciones por tanto o más tiempo que  François Duvalier, Papa Doc, su padre.

Unos días antes de mi primera conversación con Antillome, las confabulaciones con Ed, Jo, Huéto y Oliver hubiesen sido otro ítem de mi lista mañanera, pero esta mañana solo pienso en la ceremonia y en convertirme en una persona de confianza que pueda preparar en algún momento el altar. Ah y también debo ver cómo es posible que Jo, el joven que he visto hace unas noches, que es mi amigo de toda la vida pero que no he reconocido sino después de la ceremonia, haga parte del culto. Jo, el joven de andar felino de quien va leve por la vida. Él tampoco me ha reconocido. Tengo los ojos fijos en Antillome y es tal mi concentración en toda la liturgia, que por primera vez me percato que su mestizaje raya con el resto pues si bien su piel es como el petróleo sus rasgos finos y sus bucles denotan el cruce de orígenes entre Madagascar y Santa Lucia. Como Ed, pienso, pues tiene una piel canela que deviene del encuentro entre Algeria y Francia y toda su vida al sol y viento de Haití. Como varios de nosotros, sangres mezcladas entre África, América, Europa e incluso Medio Oriente.

“Pero esta historia no está en desarrollo, como dicen los periodistas de RFI que mi otra madre escucha” me digo, pues últimamente recuerdo que sí me dio tristeza cuando Ed, Dalila, Luis, Lisa y Zoca se fueron del país. Siempre que se va uno de nosotros me da un coup de blues[19]. Cuando se fue Natte, hija de franceses que habían vivido en Vietnam o cuando se fue Chenda, una muñequita hija de tailandesa y francés de ultramar, me dio un vacío tremendo. O cuando partieron Huéto y Oliver, mis socios de lecturas prohibidas como SAS, la serie de literatura porno políciaca, los rosacruces y los escritores Jacques Stephen Alexis, Jacques Roumain. Me sentí indeciblemente sola. O incluso cuando los amigos de siempre como Paul, Michel, Brando y Bob dejaron de conversar conmigo sobre los temas que nos gustaban, porque empezaron a interesarse en el cambio de niña a mujer del resto de nuestras compañeritas de clase.

Antillome, que desde el primer día que entré a esa casa me ha cautivado, es una persona de día, alegre y leve y de noche, solemne y templado. Ahora sé que es un hombre sabio y trascendente. Hoy por ejemplo, me dice que siempre le ha sorprendido como nunca le pregunto por los ausentes y como observado que escucho atenta todas las anécdotas relacionadas con sus familias. Le contesto que prefiero que me cuente cómo se llevó a cabo la construcción de la casa en la que vivo, de propiedad de los Rolland y que tiene un concepto cosmogónico. Sobre todo, disfruto de todas sus experiencias aquí y en ultramar pues ha viajado con los Rolland por medio mundo. También me confía, con humor y picardía, que probablemente en un año regrese uno de ellos. Pienso para mis adentros “ Y? Ya habrá vivido allá en el extranjero, como si yo no lo fuera, pero me siento haitiana, habrá cambiado, ya no se acordará de nosotros y menos de sus cómplices de pupitre, yo ya me habré ido, ya no seré más una niña, de pronto sabré cual es el misterio de las mieles provocadas por los besos y habré por fin conocido las exquisiteces de la carne de las que tanto hablan los mayores de la clase, así que ni convocar su recuerdo”.Todos los jóvenes de mi clase aunque tengan mi edad o solo dos veranos más que yo, tienen el aplomo de aquellos que ya tienen garantizado el futuro. Son los elegidos, los privilegiados, como los denominamos con Ondine, en nuestras noches de tertulias en su casa en Pélérin o en la mía aquí en Frères, esta elite de amigos nuestros y a la que pertenecemos, este mosaico de nacionalidades, de sangres mezcladas, de culturas diversas y también un comienzo de ideologías nacientes… pero sobre todo, de formas de sentir y percibir el mundo.

El presente y el pasado se confunden en un solo grito de una de las mujeres vestida de blanco y rojo, una odalisca ébano que parece salida de la mismísima noche de los tiempos. Constato que los otros iniciados, parecen mis hermanos mayores. Recuerdo que los otros jóvenes no miranal joven iniciado, no hablan pero todos tienen respeto por él, incluso el Houngan. De pronto me equivoco y solo son suposiciones de novata. La ceremonia empieza y termina igual que la primera vez y al salir del rito, me siento extrañísima, como si hubiese soñado durante toda una noche. Suenan las palmas, todos se sacuden la solemnidad y me despiden de manera abrupta. O al menos eso creo pues pronto hemos salido del bosque y Antillome deja su rol de sacerdote y vuelve a ser el mismo de siempre.

Mi viejo cómplice y maestro a la vez, me pregunta con una sonrisa en la esquina de los ojos:

– ¿Vas a ir a la playa este fin de semana?

– Sí Antillome, creo…¿Por qué?

– Debes aislarte de los demás y entrar en contacto con los delfines, debes entrar en contacto con nuestros hermanos del agua, ellos te enseñarán su lenguaje, es preciso saber escucharlos: los delfines pueden ver de maneras que nosotros no podemos…si les abres tu corazón.

Ese fin de semana, voy como siempre con Ondine y su familia que es también la mía, a la playa, y me confiesa con gran entusiasmo sus ganas de aprender de los delfines. Esperamos todo el día hasta que por fin un delfín aparece del lado del muelle. Entramos al agua, y ocurre lo maravilloso, el más bello recuerdo de mi primera vida: un delfín surge a pocos metros del lugar donde nadamos, da varias vueltas alrededor nuestro y finalmente y, ante nuestro estupor, se acerca y emite un sonido como carcajadas de niño. Le toco la aleta, la acaricio. Solo unos días después puedo por fin nadar a su lado. Otros delfines también se acercan, como probando que tan confiable soy. El sonido de gaviotas, las olas golpeando la playa, el color turquesa, el sabor del agua de mar, la sal… es ensordecedor recordarlo.

Bogotá, Noviembre 2014. Relato iniciado hace muchos años, inspirado en las notas del diario de Pétion-Ville, olvidado otros años más y retomado años despúes en la Sierra Nevada de Colombia, después del terremoto que padeció Haití en el 2010.

[1]Sa u vlé: en creole, que quieres? (Traducción libre de la autora)
[2]Agwé: Loa, espíritu del agua en la mitología vudú.
[3]Houngan: sacerdote vudú en Haití. Religión animista originaria de África occidental, el Antiguo reino de Dahomey, actual Ghana, Guinea Ecuatorial, Congo.
[4]Artibonite: Departamento que lleva el mismo nombre del río que lo cruza este valle fértil y propicio para la agricultura.
[5]Aya Petro vina venu gadé tut mun la terre prend feu: en creole Ay Petro ven a nosotros, miren todos la tierra se enciende!(Traducción libre de la autora).
[6]Vévés: signos vudús hechos con harina en el suelo en las ceremonias.
[7]Pa palé, pas gadé derier u l’aute jeudi nap weu: No hables, no mires detrás de ti, el otro jueves nos veremos(Traducción de la autora).
[8]  ” Rien  a changé, tout est comme avant; tout a changé, rien n’est comme avant: Nada ha cambiado, todo es como antes; Todo ha cambiado, nada es como antes.” Fragmento de la canción de Georges Mustaki, cantautor francés de origen griego y que nació en Alejandría.(Traducción libre de la autora).
[9]Espace temps de l’nsoucience des premières découvertes: espacio tiempo despreocupación de los primeros descubrimientos. (Traducción libre de autora).
[10]Péristile: lugar de culto en la cosmogonía vudú, conformado por una columna central en el centro de la habitación o un árbol elegido para tal fin, en el bosque. (Nota de la autora).
[11]Clérin: bebida casi sin destilar que se extrae de la fermentación de la caña de azúcar en Haití. (Nota de la autora).
[12] Ti moun sa enfin réveillé, m pralé la cay Mistique pou we tout bel desodsaa : estas niñas por fin se han despertado, me voy a la casa de Mystique para ver todo este bello desorden.
[13]Puresouche: raizales (Traducción libre de la autora).
[14]Tuff Little Guys: Los duros de la clase, literalmente, aquellos que tienen un poco más de vida (Traducción libre  de la autora).
[15]Reves oui mais philosophie aussi, compte avec moi. Nous y arriverons tous, un jour ou l’autre, il nous faut persévérer cependant: Sueños si perofilosofíatambién, cuentaconmigo. Lo lograremos todos un día u otro, tenemos que perseverar, no obstante. (Traducción libre de la autora).
[16]Des copains: de los parceros, de los amigos (Traducción libre de la autora).
[17]Le bonheur est dans le pré, cours y vite cours y vite: La Felicidad está en el prado, corre rápido, corre rápido. (Traducción libre de la autora).
[18]Boum: fiesta de adolescentes en Francia entre los 12 y los 18 años, palabra inspirada en la película francesa del mismo nombre cuya rol protágonico fue interpretado por SophieMarceau y roles secundarios BrigitteFossey (Nota de la autora).
[19] Coup de blues, en francés significa literalmente un golpe de blues, una sensación de tristeza pasajera, casi de nostalgia. (Traducción libre de la autora).

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Un comentario en “Puerto Príncipe Puerto Siempre Cap.1

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